Los que viven por sus manos

En el año 1995, el sociólogo norteamericano James Petras estuvo en Barcelona como profesor invitado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y elaboró un Informe, del que la revista Ajoblanco publicó una síntesis que tituló “Qué ha pasado en España” y que es conocido como el Informe Petras, un documento revelador y fulminante sobre el cambio experimentado en España desde principios de los años ochenta a mediados de la década de los noventa. Quince años más tarde, la brecha generacional que ya detectaba el sociólogo norteamericano no ha hecho sino aumentar; el paro llega a  límites insoportables y el desencanto político y la pérdida de horizontes retira a viejos luchadores hacia el consumo privado y el tiempo de ocio, con la frustración de no haber construido el futuro que esperaban para sus hijos, los jóvenes inmersos en un mundo competitivo, sin recursos ideológicos ni memoria histórica, vulnerables a los mensajes escapistas, que manifiestan su rebeldía en símbolos externos, pero que están conformados por un estilo de vida consumista e individualista.
 
La conciencia de clase y de ciudadanía que existía en los años setenta se expresaba en los centros de trabajo, donde los trabajadores se organizaban colectivamente para conseguir mejoras laborales y sociales y en los barrios, que trataban de hacer más habitables; al mismo tiempo, se preocupaban por la educación de sus hijos y se comprometían en política, porque no era algo ajeno a sus inquietudes cotidianas. Lo hacían desde la esperanza en los cambios sociales, en el progreso, en la solidaridad… Veinte, treinta, cuarenta años más tarde, el poder nos dice cada día que hemos conseguido el único mundo posible, en el que los barrios ya no son el lugar de encuentro y socialización para la lucha ni el centro de trabajo, un lugar para experiencias compartidas porque el trabajo es temporal, el sueldo, malo y la amenaza del paro, una constante. Decía Cayo Lara, en su reciente visita a Linares, que hay que recuperar el valor del trabajo y el orgullo de ser trabajadores, luchar por un trabajo bien remunerado y con derechos, para vivir dignamente, porque el empleo, precario y mal pagado en muchos casos, no puede ser exclusivamente un medio para obtener dinero que gastar en el engranaje infernal del consumo, ni el centro de trabajo, un lugar del que huir después de muchas horas de jornada, sin establecer lazos de solidaridad con los compañeros, convertidos en competidores ante la mirada complaciente del capital. La conciencia de clase es más necesaria que nunca para defender el valor del trabajo.
 
Pero no sólo falta conciencia, falta trabajo. La posibilidad de trabajar está cada vez más lejos para muchas personas en España, después de la supuesta reforma laboral y después de los correspondientes titulares de prensa… En la provincia de Jaén, el paro registrado en el último mes ha aumentado un once coma cinco por ciento más que el mes anterior y son, por lo tanto, cincuenta y una mil setecientas ochenta y una personas registradas y cerca de ochenta mil, según la EPA, quienes se enfrentan cada día a la tragedia del paro; y esto se ve en las caras de la gente, en la tristeza y en la resignación de quienes han terminado la temporada de aceituna, los aceituneros de Miguel Hernández, que ya han dejado de cobrar un jornal; o los trabajadores de Santana, que hace unos años por estas fechas estaban en la calle exigiendo una solución al conflicto de la multinacional Suzuki y hoy, jubilados muchos con cincuenta años, han aceptado una salida al cierre de la empresa, pero saben que ni sus hijos ni los hijos de sus vecinos van a poder acceder a uno de los empleos que la Junta de Andalucía ha liquidado.
 
Jorge Manrique, que nació en Segura de la Sierra y vivió a caballo entre la Edad Media y la Edad Moderna, hablaba de “los que viven por sus manos y los ricos”. Si tantos de sus paisanos de Jaén, que no son ricos, no tienen la posibilidad de vivir por sus manos, ¿qué les queda? Primero, indignarse, como recomienda Stéphane Hessel a los jóvenes –y menos jóvenes- de París y de todo el mundo, y después organizarse en una gran protesta cívica para exigir el derecho al trabajo. En la provincia de Jaén ya se han encendido demasiadas alarmas. 
 
Fdo.: Ana Moreno Soriano.