Sobre Héroes y Libros

Hace unos días presentamos en Linares La conjura de los poetas, el  último libro de Felipe Alcaraz, que es una biografía del poeta Javier Egea. Fue en la librería Entre Libros, un marco ideal para hablar de literatura, y que el buen hacer de Javier Soler, y las demás personas que allí trabajan, ha convertido en un espacio cada vez más reconocido dentro y fuera de la ciudad -recientemente ha recibido el premio librería cultural del año 2010-, e imprescindible en la vida de Linares.

Hablamos de Granada, de la Granada vivida y recordada de Fanny Rubio y Felipe Alcaraz en la Facultad de Letras de la calle Puentezuelas, del Paseo de los Tristes, de la calle Angulo y la Plaza de los Lobos, y hablamos del mar de Almería, que hirió con su inmensidad al poeta granadino; de la música que le acompañaba en cada uno de sus libros, de la creación de Haydn y de la Sonata Claro de luna; hablamos de la transición política española, de ideología y de conciencia y de la conmemoración del ciento cincuenta aniversario del Manifiesto Comunista por el río Guadalquivir, bajo una gran bandera roja...

Javier Egea nació en Granada en el año mil novecientos cincuenta y dos y se suicidó en el año mil novecientos noventa y nueve; cultivó, como muchos antifranquistas, una conciencia de resistencia y de lucha contra la explotación y, cuando nuestro país conquistó las libertades democráticas, él pensó que quedaba por recorrer un largo camino hacia la utopía y siguió recorriéndolo en su vida y en sus versos… Por eso, no quiso aceptar la claudicación que significaba presentar el postmodernismo como la alternativa al capitalismo, confundir capitalismo y democracia, desprestigiar el compromiso, renunciar a la ideología y practicar la amnesia colectiva. Y tampoco aceptó que la literatura, que había sido un espacio para crear conciencia, para profundizar en las contradicciones y tratar de cambiar el mundo, se convirtiera en un espectáculo, un bien de consumo, una industria que tendía a concentrarse, cada vez más, en grupos de poder; que la poesía de la otra sentimentalidad que para Egea era poesía de clase, histórica, materialista, ideología antidominante que confrontaba con la ideología dominante, derivara hacia  una normalización que empezaba a ser hegemónica. Sí aceptaron esa normalización sus antiguos compañeros, que llegaron a hablar incluso de poesía de la socialdemocracia o en la socialdemocracia: era ésta una poesía más amable y menos comprometida, más contrastable con la vida cotidiana y más compartida y comprendida, una poesía para personas normales, porque los héroes y los grandes discursos pertenecían al pasado y era mejor refugiarse en el espacio íntimo de un jardín bien cuidado, desde el que compartir experiencia y discursos, más o menos fragmentarios, y vivir la diferencia. Pero Javier Egea no quiso ser cómplice de aquel cambio que se anunciaba desde el poder, no quiso adaptarse a la normalidad: él seguía defendiendo la revolución y las banderas y los valores de la izquierda transformadora, y siguió escribiendo una poesía de resistencia, ante la indiferencia o la incomprensión de los antiguos amigos, que crearon un muro de silencio a su alrededor, roto definitivamente por el disparo que puso fin a su vida, confundido en el Alegretto  de la Séptima Sinfonía de Beethoven.

Felipe Alcaraz ha escrito, sin duda, un libro magnífico sobre la vida y la obra de Javier Egea que, gracias al tesón de quienes han luchado contra la incomprensión y el olvido, va a ser reeditada y presentada en Granada el próximo catorce de abril. Y es también un libro imprescindible para profundizar en los últimos treinta años de la historia de nuestro país, para situarnos en el debate ideológico de fondo entre postmodernismo y marxismo: ante el fin de las ideologías y la claudicación ante el mercado, seguimos enarbolando las viejas banderas y reivindicando la  memoria y la utopía… Quizás es que queremos, sencillamente, aprender de los héroes, esas personas que siguen defendiendo, sin palidecer, los valores de la izquierda y siguen luchando, hoy como ayer, contra la explotación; a algunos, tenemos el  privilegio de llamarlos por su nombre. Otros, nos llaman desde un libro de poemas.

Fdo.: Ana Moreno Soriano.