Nuestras Manos

No hace mucho citaba, en estas mismas páginas, un verso de Jorge Manrique, “los que viven por sus manos”, para hablar del trabajo, del  valor del trabajo y del orgullo de ser trabajadores. Recuerdo una canción de los años setenta de una cantante alicantina, Ana María Drack, que se titulaba “Para tus veinte años” y empezaba invocando las manos de campesino y de poeta, las manos de amor y guerra… Y es que podríamos decir que las manos se convierten en una metonimia del ser humano, porque con ellas trabajamos, amasamos y construimos la vida; creamos el mundo a golpe de cincel o de martillo, modelando la arcilla, horneando el pan y sembrando la tierra; por las manos, encallecidas, enrojecidas, blancas y bien cuidadas, pasan las herramientas más sencillas, los utensilios domésticos y los aparatos de la tecnología más sofisticada y son, al tiempo, el camino y la meta del quehacer cotidiano. Vivimos por nuestras manos y en ellas depositamos las emociones y los sentimientos, pues todo se refleja en las manos crispadas por la ira o la impotencia, en las manos extendidas hacia otras que salen al encuentro, en las manos abiertas a la esperanza, en los puños cerrados dispuestos a la lucha, en las manos que piden la paz, la justicia y la palabra; en las que acogen y acarician, reparten amor y pan generosamente, y en las manos vacías, inertes y desposeídas de su tarea, condenadas a colgar indiferentes de unos brazos cansados, a encender  otro cigarrillo en la tensa espera, a menguarse en la desesperación y el olvido.
 
He pensado en todo esto viendo el video de campaña para las Elecciones Municipales del veintidós de mayo que ha elaborado Izquierda Unida, porque me ha recordado las manos que piensan y tienen memoria, como decía Juan Ramón Jiménez, cuando miraba las manos que trabajan, las manos de tinta y acero, y decía que las manos libres son hijas de un dios… Estas manos, que la crisis del capitalismo ha dejado vacías para llenar los agujeros de los bancos y seguir acumulando dinero en las manos de los poderosos, siguen siendo nuestras y siguen pasando las hojas de un libro, escribiendo en una pizarra, jugando con un balón, tocando otra mano en un gesto de complicidad y apoyo... Hay, efectivamente, muchas manos vacías, pero abiertas a otras manos, porque son manos que piensan y tienen memoria y afrontan la batalla contra el miedo desde la conciencia y la dignidad. Son las manos que votan contra la guerra, la precarización del empleo y los recortes sociales, las que enarbolan banderas y sujetan pancartas el catorce de abril o el 1º de mayo, las que defienden el aceite de oliva para la provincia de Jaén, más inversiones públicas y privadas para luchar contra el desempleo; las manos de la ética que nunca cogerán nada que no les corresponda, las que repasan las cuentas públicas pensando siempre en quienes menos tienen, las que ponen paredes de cristal en los ayuntamientos y practican la democracia participativa; las manos que abren espacios de libertad y plantan cara a una realidad que no les gusta; las manos que tejen propuestas para la igualdad real entre hombres y mujeres y las manos fuertes de los jóvenes que buscan la playa debajo de los adoquines.
 
En esas manos, que son las nuestras, está la capacidad de convertir la resignación en indignación y la indignación en esperanza; esas manos pueden convertir el malestar, la frustración y la ansiedad que genera este modelo de sociedad cada vez más individualista, más injusto y más alejado de la igualdad, en fuerza política para la transformación social, para la solidaridad y la paz. Nuestras manos, que se han movilizado en la huelga general del veintinueve de septiembre y contra la reforma de las pensiones; que se han indignado cuando el Presidente del Gobierno ha seguido el dictado de los bancos y de las grandes empresas; nuestras manos, que se han levantado en el centro de trabajo, en el grupo de amigos, en la sobremesa familiar, para decir que tenemos que organizarnos y defender los derechos conquistados con tanto esfuerzo, son las mismas manos que van a depositar su voto en la urna dentro de siete días. Y yo votaré a Izquierda Unida, porque sé que la esperanza está en nuestras manos.
 
Fdo.: Ana Moreno Soriano.